por: Marian Díaz Santos
Diplomada en Enfermería
Somos pacientes pero no estamos enfermos. Estamos vestidos de blanco pero no estamos
ingresados en ningún centro hospitalario. Aparecemos en una lista de espera pero no ascendemos de
orden cuanto más graves estemos, más bien, cuanto mejor posicionados nos encontremos.
ingresados en ningún centro hospitalario. Aparecemos en una lista de espera pero no ascendemos de
orden cuanto más graves estemos, más bien, cuanto mejor posicionados nos encontremos.
El Sistema Nacional Sanitario Español, contrata a sus trabajadores, a través de las llamadas bolsas
de empleo. Cuando una persona finaliza sus estudios sanitarios, en mi caso, la Diplomatura de
Enfermería, el primer consejo que te ofrecen es que te inscribas en dichas Bolsas de Empleo. Eso sí,
se olvidan de que cada Comunidad Autónoma, tiene sus propias normas, sus propios baremos, sus
propios procedimientos y sus únicos y desconocidos plazos de inscripción.
Así que, perdida después de haber estado tres años estudiando una carrera que no acaba por darte
las bases necesarias para ejercer tu profesión, te embarcas en esta aventura. Organizas papeles,
pagas en muchos casos cuotas de inscripción, estás a atenta a la publicación de las listas de
baremación y... a esperar.
¿Qué esperamos? Una llamada.
¿Qué hacemos mientras? Intentar conseguir los máximos puntos como si de un juego se tratara.
¿Qué conseguimos? Llegar al máximo de puntos posibles, sin obtener ningún tipo de beneficio.
Aunque puede llamarse beneficio, los conocimientos que vamos adquiriendo a través de cursos para
conseguir esos puntos.
