lunes, 3 de diciembre de 2012

Ser emprendedora salvó mi profesionalidad

por: Elena Contreras Barragán
Emprendedora - Clínica Podológica Cuida2

Cuando empiezas a pensar en tu futuro dibujas en tu cabeza una casa con cortinas blancas, una rutina con horarios propios, números en negro en la cuenta del banco, un coche aparcado en la calle, un frigorífico lleno, vacaciones y un puesto de trabajo que te llene de satisfacción.


Para conseguirlo me esforcé en el instituto intentando lograr la nota necesaria para estudiar una carrera que me gustara pero que también me abriera puertas al futuro laboral y con un poco más  de esfuerzo, llegó el día en el que me gradué.

Cuando terminas la formación ya no ves con tanta claridad eso del coche, las vacaciones y no sabes bien ni lo que es un trabajo que te llene de satisfacción. Preparas CV, te promocionas, buscas empleo, pero nadie responde.

En mi caso, la salida más fiable era la de crear mi propia empresa: una Clínica Podológica. Crear una empresa puede parecer tentador, ya que implica ser la jefa de una misma, llevar a cabo tus propios objetivos, tu estilo de trabajo, protocolos. Evitas los posibles roces entre compañeros y tienes mucha libertad en el cómo, cuándo y por qué.

Para diseñar ese boceto de futuro laboral tuve que empezar por hablar en mi casa. Las cosas no están como para que te regalen dinero y el apoyo familiar en la creación de una empresa es fundamental, según mi experiencia.

Cuando tuve el consentimiento familiar, empezó la búsqueda exhaustiva de locales, estudiar la legislación referente a barreras arquitectónicas, hablar con un banco, con el otro y con el que estaba en medio. Manejar información sobre hipotecas, préstamos personales, préstamos ICO intereses, plazos, gastos iniciales… entre otros y cuando parecía que todo estaba más o menos claro, quedaba lo peor.


Acudí al Centro de Apoyo al Desarrollo Empresarial (CADE) en Huelva y solicité un técnico que me guiara en el proceso burocrático de la creación de empresas, también acudí a Huelva Impulsa, donde me indicaron el listado de licencias y organismos a los que tenía que solicitar permisos. Fue entonces cuando me di cuenta de que sabía mucho de anatomía, exploración, patologías… pero nunca pensé que montar una empresa tuviera tantos procedimientos. Primero buscar una gestoría y un ingeniero técnico que te haga un proyecto técnico del local y de las obras. Luego Hacienda para darte de alta como empresario y seguidamente la Seguridad Social para darte de alta como autónomo. Seguimos en el Ayuntamiento, solicitando licencia de obras y, por si nos quedaba aire, Consejería de Sanidad para solicitar los requisitos a cumplir para la obtención de la Licencia de Funcionamiento y solicitar la Licencia de Instalación. Cuando la obra está casi terminada, volver al Ayuntamiento, solicitar licencia de Apertura; pasearte por la Consejería de Sanidad y pedir la Licencia de Funcionamiento, esperar la visita de la Inspección Sanitaria y seguir esperando.

Mientras esperaba la fecha de la Inspección de Sanidad,  me dediqué a rellenar papeles para registrar el nombre y logo de la empresa, creé una página en Facebook, un usuario en Twitter, una página web, localicé en Google Maps la dirección de la clínica, contraté servicio con Páginas Amarillas, abrí un archivo para cumplir la Ley de Protección de Datos mediante una empresa especializada, contraté el servicio de recogida de residuos sanitarios, seguro de hogar, puse línea fija de teléfono, preparé las tarjetas de visitas, póster promocional y terminé de crear protocolos de exploración y seguimiento.

Y llegó el día. La Inspección de Sanidad fue rápida, exigente, meticulosa y muy satisfactoria.

Llevo año y medio trabajando en mi empresa y aunque el camino parezca un laberinto, haya días en los que los números me asfixien y los cargos aparezcan en la cuenta por arte de magia, miro a mi alrededor y soy afortunada porque TRABAJO, para más suerte en lo que ME GUSTA, para lo que me HE FORMADO y con lo que soy FELIZ.


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